El chocobollo (Palencia/Madrid)
Me gustaría empezar mi participación aplaudiendo la iniciativa de permitir este espacio a nuestras pequeñas historias con nuestros CPC, que sólo se pueden explicar desde el inmenso cariño que le tenemos a ese trasto que suena y huele a infancia de forma tan intensa que la podemos palpar más de veinte años después.

En mi caso, y gracias a la gente de este grupo, mi historia tiene dos partes. La primera se remonta, cómo no, a 1985. Desde siempre era un pirado por las recreativas; había visto y usado alguna consola de videojuegos, pirateos cutres de la Atari, pero cada vez se hablaba más de que “el futuro está en los ordenadores”. En principio me emperré en un MSX al ver en un escaparate varios juegos para ese sistema que me llamaron la atención (sobre todo, ¡uno de los Cazafantasmas!), pero por suerte un amigo nos convenció de que el AMSTRAD era mejor porque lo tenía más gente (¡gracias, Albertillo!). Su aspecto de ordenador más serio fue lo que convenció a mi madre, que quería comprar el trasto para que aprendiéramos informática. Tengo grabada en la memoria la compra del bendito trasto, en Informática Dígito (Palencia): el CPC 6128 con monitor a color por 119.000 pelas, y los tres primeros juegos que nos compraron a mi hermana y a mí: Batman, Bomb Jack y Green Beret.

A partir de ahí, toneladas de recuerdos. Durante años, el plan invariable con mis dos amigos era: cada tarde sábado en casa de uno de forma rotatoria, todo el rato jugando al AMSTRAD y leyendo comics mientras cargaban los juegos (ellos tenían un 464). Con el tiempo y los nuevos conocidos que sabían de informática más que yo, entré en el mundo del Oddjob y el Discology y ya fue el despiporre del intercambio de juegos. Las intenciones de mi madre de usar el trasto para algo más que para jugar no cayeron en saco roto, ya que fui el primero de mi instituto en entregar los trabajos pasados a impresora (ese chirrido del cabezal pasada la medianoche al imprimir con prisas de última hora, arrrgh). Aún con la llegada de los PCs y de la universidad, el CPC siempre estuvo operativo en mi habitación.

La segunda parte de la historia debería empezar el primer día que falló la disquetera, ya con los años 90 iniciados. Con los procesadores 286 ya en el mercado, a cualquiera que le preguntaras cómo arreglar un AMSTRAD te contestaba que “para qué”. Con dolor lo enfundé cuidadosamente y lo entregué a un amigo que coleccionaba ordenadores, pero como préstamo. Esto coincidió con un momento de mi vida bastante jodido, con mi madre recién fallecida hubo que hacer una mudanza bastante precipitada en la que perdí prácticamente todo lo “superfluo” de mi infancia salvo mis comics y los juegos de CPC, que quedaron almacenados en un guardamuebles durante 13 años, literalmente. Con la llegada de internet llegaron los emuladores y los de AMSTRAD no eran una excepción. La salida de revistas en kioscos con miles de DSK (“AMSTRAD Acción”, se llamaban, y en Castilla, adonde vuelvo regularmente, se vendieron a tutiplén) demostraba que mi locura nostálgica no era un caso aislado. Pero no era lo mismo que jugar en el auténtico ordenador. Lo que pasa es que como la vida va por flujos, llegó el momento en el que monté ya mi propia casa y para ello recuperé los muebles de mi familia, incluida aquella caja con juegos. Le pedí a mi amigo de vuelta el CPC aún a sabiendas de que no leía discos, y lo puse en una balda de vidrio en exposición en el dormitorio principal. Se lo merecía. Unos meses llevaba allí como recuerdo/decoración cuando llegó mi primera visita a un Retromadrid. Por supuesto, mi primera parada fue la mesa de los usuarios de AMSTRAD. Creo que no pude abrir más los ojos cuando me enteré de que el fallo de la disquetera era una tontería que se arreglaba en diez minutos con una goma. Quedaba una hora para el cierre de la feria. Habíamos ido en el coche de mi novia, que accedió a llevarme a casa en la otra punta de Madrid, coger el CPC y volverme a llevar al centro cultural aquel a toda leche… eso es amor. Durante el recorrido, no pude evitar hacer la coña de hacerle al teclado un par de mimos y decirle “no te preocupes, chiquitín, que te vamos a curar”. La cara de mi chica fue de foto, literalmente la de “no puedo creer lo que este demenciado acaba de decir…” por supuesto, yo seguí con la coña y le volví a decir a mi CPC: “no te preocupes, mamá también te quiere aunque no te lo demuestre”. Juro que fue tal cual, y no vean ustedes qué risa con la coña (al menos yo...). Llegamos 10 minutos antes del cierre, pero es menos de lo que necesitaba Deepfb para resucitar a mi niño (el año siguiente, este 2009, supe que había sido ese grandísimo hombre, no tengo palabras suficientes de gratitud). Al verle ejecutar un CAT y leer un disco por primera vez desde el siglo pasado, los ojos se me pusieron húmedos.

Los juegos que estuvieron 13 años aguantando temperaturas extremas en una nave perdida en medio de Castilla funcionan. Todos. El Telemach, que siempre conservé, cumple con lo que me dijo el vendedor hace 20 años: “es un joystick para toda la vida”. Un cable comprado a un vendedor de Zaragoza, las DSK de aquellas revistas de “AMSTRAD acción”, así como de Internet, y el maravilloso CPCdisk para formatear disquetes de 3,5" me permiten jugar en el CPC a todo lo que se puede encontrar. Por si fuera poco, en Ebay hay disquetes tirados de precio para incluso prescindir de la disquetera de PC. Y en este foro, me lo paso pipa leyendo a gente con mi mismo amor por aquel trasto entrañable.
Y soy feliz.
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Comentarios
10.01.2012 - Melloney
(NMxAyuMyOtCPXWPef)
I bow down humbly in the presecne of such greatness.
09.01.2012 - Kelli
(jMUDiHOl)
Not bad at all flelas and gallas. Thanks.
23.02.2011 - Mario Jiménez
Solo los que tuvimos la suerte de pasar por aquella época podemos entender este tipo de historias. Y es que por mucha PS3, aquellos tiempos fueron los mas gloriosos.
Un fuerte abrazo
16.03.2010 - MIGUEL IVAN DOMINGO GUTIERREZ
yo tambien quiero arreglar mi amstrad cpc 6128 algun telefono de contacto o direccion para poder llevarlo... se me ha puesto la piel de gallina...que recuerdos..
23.12.2009 - Mode 2
Sí señor, amor en estado puro.
Parece una peli de esas románticas en la que el destino vuelve a unir dos personas después de pasar la pila de años.